Una apertura en Sants-Montjuïc: el restaurante fresco y genuino que apasionará a Barcelona
Dinámica y corta carta en la que los platos entran y salen porque los cocineros están muy atentos a la temporada
Abierto hace dos semanas en el Sants que confluye con Plaza Espanya, el restaurante Gurí supone una bocanada de aire fresco bien interesante: cocina mestiza, aquella que conoce con tanta intimidad dos culturas gastronómicas que las mezcla con respeto, resultando un discurso nuevo y genuino. En este caso, Uruguay se entreteje con Catalunya a manos del uruguayo Nicolás Zas y el chileno Cristian Cáceres.
Resultando la cuadratura del círculo, estos dos chefs tienen una dilatada trayectoria tras los fogones, tanto en el ámbito internacional como en Barcelona, donde se sienten como en casa: «De la base mediterránea de la cocina catalana», explica Zas, «incorporamos los caldos, los sofritos, los guisos, la cocina lenta de sabores vibrantes que se enaltece con las hierbas aromáticas». La parte uruguaya radica en el recetario tradicional de allí, tan amante de los menores, y algún producto típico. Con este gesto, Zas y Cáceres hacen el camino inverso que realizaron los inmigrantes europeos cuando se trasladaron a Latinoamérica, con cultura, cocina y productos en sus maletas y en su memoria. Una cuadratura de círculo que permite al comensal barcelonés disfrutar de ensamblajes delicados en el plato y sabores poderosos en el paladar, ¡qué alegría!
A esta dinámica y corta carta le gusta la marcha, los platos entran y salen porque los cocineros están muy atentos a la temporada y a los productos que esta brinda. A menudo, estos cambios son de ingredientes, no de receta. Así, la empanada de maíz, queso Urgelia y romesco que inauguró la propuesta gastronómica hoy se ofrece con espárragos. Otros platos, pensados estratégicamente, ya hacen sospechar que serán los hits de la casa, como el katsu sando de pedreros, hinojo envinagrado y salsa chipotle o el calamar con butifarra negra y salsa de canónigos.
Trabajan con la brasa en su pequeño hibachi, y los matices de ahumado son presentes en muchos platos, tanto en las carnes como en las salsas. Ahora bien, donde la delicadeza de la profesión luce con diferencia, está en la lechuga a la brasa con salsa criolla y limón fermentado: sabores ampulosos y reconfortantes para una sencilla proteína vegetal que en la boca se convierten en una fiesta controlada y satisfactoria.
A esta dinámica y corta carta le gusta la marcha, los platos entran y salen porque los cocineros están muy atentos a la temporada y a los productos que esta brinda. A menudo, estos cambios son de ingredientes, no de receta. Así, la empanada de maíz, queso Urgelia y romesco que inauguró la propuesta gastronómica hoy se ofrece con espárragos. Otros platos, pensados estratégicamente, ya hacen sospechar que serán los hits de la casa, como el katsu sando de pedreros, hinojo envinagrado y salsa chipotle o el calamar con butifarra negra y salsa de canónigos.
Trabajan con la brasa en su pequeño hibachi, y los matices de ahumado son presentes en muchos platos, tanto en las carnes como en las salsas. Ahora bien, donde la delicadeza de la profesión luce con diferencia, está en la lechuga a la brasa con salsa criolla y limón fermentado: sabores ampulosos y reconfortantes para una sencilla proteína vegetal que en la boca se convierten en una fiesta controlada y satisfactoria.