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El restaurante de Sants donde descubrir la fusión entre Uruguay y Cataluña

Gurí propone una cocina mestiza a pocos metros de la estación de Sants, una ubicación que se presta a que la cocina mediterránea dialogue con la uruguaya creando platos de reflexión divertidos y sabrosos.

A esta dinámica y corta carta le gusta la marcha, los platos entran y salen porque los cocineros están muy atentos a la temporada y a los productos que esta brinda. A menudo, estos cambios son de ingredientes, no de receta. Así, la empanada de maíz, queso Urgelia y romesco que inauguró la propuesta gastronómica hoy se ofrece con espárragos. Otros platos, pensados estratégicamente, ya hacen sospechar que serán los hits de la casa, como el katsu sando de pedreros, hinojo envinagrado y salsa chipotle o el calamar con butifarra negra y salsa de canónigos.

Trabajan con la brasa en su pequeño hibachi, y los matices de ahumado son presentes en muchos platos, tanto en las carnes como en las salsas. Ahora bien, donde la delicadeza de la profesión luce con diferencia, está en la lechuga a la brasa con salsa criolla y limón fermentado: sabores ampulosos y reconfortantes para una sencilla proteína vegetal que en la boca se convierten en una fiesta controlada y satisfactoria.

Su cocina parte de una clara base mediterránea en cuanto a fondos y sofritos: en casi cada plato se identifica esa base de chup-chup y un cariño especial por la cocina lenta y los sabores vibrantes. Las hierbas aromáticas juegan un papel importante. La aportación chilena se ve patente en el recetario y en la inclusión de algún producto icónico de allá: como el cierre de una cuadratura, esa cocina construida por las culturas de la inmigración regresa a algunos de sus lugares de origen, como España o Italia (tan presentes en la cocina tanto uruguaya como argentina). El aperitivo que presentan en mesa, el gin mate sour, ya inicia un punto de partida.

Su carta es corta y busca dinamismo con la entrada y salida de platos con cierta regularidad. No son cambios bruscos ni completos, muchos de ellos son más que cambios,  adaptaciones, fruto del producto de temporada, que siempre intentan que sea ecológico. Como por ejemplo, la empanadilla, que al abrir hace poco más de un mes, era de maíz y ha cambiado a los espárragos a la brasa, acompañándose de queso Urgelia y salsa romesco. La lechuga a la brasa con salsa criolla y limón fermentado habla de otro elemento uruguayo definitorio: la brasa, el fuego, las ascuas, el poderoso perfume a humo que convierte a una simple lechuga en algo apoteósico.

Su cocina parte de una clara base mediterránea en cuanto a fondos y sofritos: en casi cada plato se identifica esa base de chup-chup y un cariño especial por la cocina lenta y los sabores vibrantes. Las hierbas aromáticas juegan un papel importante. La aportación chilena se ve patente en el recetario y en la inclusión de algún producto icónico de allá: como el cierre de una cuadratura, esa cocina construida por las culturas de la inmigración regresa a algunos de sus lugares de origen, como España o Italia (tan presentes en la cocina tanto uruguaya como argentina). El aperitivo que presentan en mesa, el gin mate sour, ya inicia un punto de partida.

Su carta es corta y busca dinamismo con la entrada y salida de platos con cierta regularidad. No son cambios bruscos ni completos, muchos de ellos son más que cambios,  adaptaciones, fruto del producto de temporada, que siempre intentan que sea ecológico. Como por ejemplo, la empanadilla, que al abrir hace poco más de un mes, era de maíz y ha cambiado a los espárragos a la brasa, acompañándose de queso Urgelia y salsa romesco. La lechuga a la brasa con salsa criolla y limón fermentado habla de otro elemento uruguayo definitorio: la brasa, el fuego, las ascuas, el poderoso perfume a humo que convierte a una simple lechuga en algo apoteósico.

Más de aquí que de allí, pero sabroso como todo buen mar i muntanya, el calamar con butifarra, salsa de canónigos y tomate confitado apunta a matices más dulzones. El Katsu Sando apuesta por introducir otra casquería que grita Uruguay (y Argentina) a los cuatro vientos: molleja, con un refrescante hinojo encurtido y el indefectible chipotle para redondear punch.

La presa ibérica a la brasa, presentada en su jugo y con semillas de mostaza encurtidas es un gran plato, seguramente será uno de los que nunca podrán abandonar la carta (junto a la empanada) porque el encaje de las semillas de mostaza es aquí uno de sus puntos fuertes. Este y que, por supuesto, la presa está perfecta de cocción. Este punto álgido solo podía acabar por otro clásico revisado: el alfajor helado con dulce de leche y helado de vainilla.

Tiene mérito lo de estos dos chefs: entre ellos cocinan, atienden la sala y recomiendan alguna de las 15 solventes referencias que disponen de vinos. Y en ello, transmiten una paz y un dominio de la situación que les convierte en perfectos anfitriones. Tienen también a favor un ticket medio contenido, rondando los 40€ por cabeza. Aconsejamos que, cuando lo visites, disfrutes de su viaje en la barra. La que, hasta la fecha, nos parece la barra más cómoda y bien pensada de la ciudad.